Licántropo
Él era un chico común. Tenía amigos comunes con vidas comunes. Hacia cosas que cualquier chico de su edad haría. Tenía cierto aire de sinceridad en el seño y ciertamente no podía matar una mosca.
Cabello obscuro, estatura promedio, complexión delgada. Cejas semi pobladas, tes apiñonada. Y una cuiriosidad imperiosa de niño por saber aquello que no conocía aún. Se había preguntado mil veces qué se sentiría ser como los demás. Como aquellos que van a fiestas todo el tiempo y hacen amistades convenientes y cortantes. O aquellos que se quedan en casa todos los días de su vida idolatrando al televisor. Aquellos que consiguen a la chica que desean con un movimiento de pestañas y un encanto podrido, o acaso esos que no levantan la mirada por temor a quedarse congelado frente a una mujer realmente hermosa.
Él a su parecer era simple, siempre listo para dar una respuesta predecible y quizás acertada. Pero esa simpleza lo asfixiaba, no de una manera enfermiza, aunque si lo suficientemente fuerte para anhelar un cambio. Se veía al espejo diario y a veces no sabía quién era. Un día el chico insomnio, otro el chico fastidiado. Ayer el niño insoportable, hoy el joven maduro y decidido. Y mañana, mañana tal vez otro. Él era como todos. Exceptuando que en realidad, él nunca había sido como nadie. Él no era común. Ahogándose en sus demonios por la madrugada, acordándose del pasado que lo aprisionaba en vida y sueños. Y estaba harto de estar aprisionado. Estaba harto de vivir en una carcel. Cuando de pronto lo entendió un día.
Él era él. Y nadie más.
Tenía el poder de cambiar o seguir siendo. Entonces una noche mientras se miraba al espejo, notó que algo oprimía su pecho. Las garras comenzaron a salir y razgaron su tórax. El grito subio desde su estómago a su garganta que ahora era un ocico bestial y atemorizante. Los ojos le brincaron y vieron mejor que nunca su alrededor, todo lo podrido que el mundo estaba, todo lo infame, todo lo real y también, lo más bello, lo más hermoso. Aulló desgarradoramente, recordando quien había sido y viendo de frente quién era ahora.
En efecto. Él era él. Siempre sería él. Pero ahora con nuevos ojos. Nuevas garras.









